Un mar de gente llega a la iglesia, con la firme disposición de agradecer a San Pedro los favores recibidos. Un grupo en particular se destaca esa mañana. Hombres y mujeres con las caras tiznadas que, desde tiempos lejanos, se acercan cada 29 de junio a pagar una promesa ajena que se ha vuelto propia.

Conocer a los protagonistas de la Parranda de San Pedro es llenarse de alegría y contagiarse de orgullo cultural. Ellos han sabido hacer de esta tradición la razón de su identidad y esperan con ansias que llegue la cita anual donde las levitas y sombreros pumpás cobran vida en un grupo de hombres con rostros pintados de negro y pañuelos amarillos o rojos que se distinguen a distancia mientras los cantos con cuatros y maracas acompañan el recorrido.

Si me preguntan ¿qué fue lo que más gustó?, diría sin dudas que compartir con ellos un día entero, ver como se preparan, comer un poco de Tere Tere, escuchar sus historias, sentir su devoción en la iglesia y aún cansados verles sonreír o saludarme en medio de tanta gente. Son gente linda que vive su tradición y que se enorgullece de mostrarla al mundo.

Claro que yo fui además con mi cámara en mano con el propósito de documentar la experiencia, y debo decir que en medio de tantas emociones, ríos de gente y el calor de un día soleado en Guatire, una vez más cumplí a cabalidad con el objetivo que me fue asignado: ¡Ver y Asombrarme!, esta vez con un grupo de rostros “oscuros” que cantan y bailan a un San Pedro pescador que les acompaña en medio de flores y promesas.

 

Vero

Verónica Duque
@veduque